ADVERTENCIA

CADA ENTRADA INICIA CON EL TÍTULO DEL TEXTO Y EL NOMBRE DEL AUTOR.

miércoles, 29 de febrero de 2012

HOMENAJE A UN JURISTA

HOMENAJE A UN JURISTA

Augusto FERRERO COSTA

Hace un mes falleció en Buenos Aires el más grande jurista latinoamericano del siglo pasado: el maestro argentino Guillermo Borda.

Estuvo en Lima en tres señaladas oportunidades: en 1988, con ocasión del certamen jurídico que congregó el Colegio de Abogados de Lima; en 1989, para el congreso que conmemoró el centenario del Código Civil español y que convocó la Universidad de Lima; y, en 1994, cuando dicha casa de estudios organizó el magno Congreso Internacional de Juristas, a los diez años de vigencia del Código Civil.

Tenía al Perú en el corazón. Y el Perú lo tenía en el suyo. En 1990 fue nombrado Profesor Honorario de la Universidad de Lima, distinción que después le fue conferida por las universidades de San Marcos, San Agustín de Arequipa y San Antonio Abad del Cusco; además, la Academia Peruana de Derecho lo incorporó como Miembro Honorario. Personalmente, nos distinguió con un prólogo a nuestro Tratado de Derecho de Sucesiones, haciendo lo propio después con el libro sobre Abuso de Derecho, de Carlos Fernández Sessarego y el Tratado de las Obligaciones, de Felipe Osterling y Mario Castillo.

Guillermo Borda destacó como maestro universitario, abogado, magistrado, jurista, escritor de fina sensibilidad, legislador y político. Respondía plenamente a la exigencia de los países que no han alcanzado aún su pleno desarrollo, los cuales citan a sus grandes hombres para que desarrollen las múltiples facultades que su sapiencia impone. De todas estas actividades, Borda sobresalió, sin duda, en el campo de la investigación jurídica, constituyendo su aporte a la doctrina comparable sólo con la tarea codificadora emprendida, el siglo XIX, por su compatriota Dalmacio Vélez Sarsfield.

Como autor, logró desarrollar, en un Tratado de doce volúmenes, todas las disciplinas del Derecho Civil, lo cual constituye un esfuerzo monumental. Su obra es de consulta obligada para todos los abogados y estudiantes, pues está dirigida a dilucidar los grandes problemas del Derecho Privado. Complementando sus trabajos jurídicos, escribió una importante Historia de Argentina.

Como político, fue Ministro del Interior, llegando inclusive a hacerse cargo de la presidencia de la República Argentina, interinamente, como consta en el documento oficial que exhibía con orgullo en su Estudio. Para nosotros, tiene especial significación que haya ocupado la primera magistratura que desempeñó ese gran peruano que fue Roque Sáenz Peña.

Como legislador, Borda fue el gran mentor de la reforma del Código argentino de 1968. Formuló en ella incorporaciones importantes al Derecho rioplatense como la del abuso del derecho, la lesión, la teoría de la imprevisión y el divorcio por mutuo disenso.

En momentos aciagos para nuestra patria, durante la crisis del Cenepa en 1995, Guillermo Borda protestó pública y enérgicamente a través de las páginas del diario de más prestigio de Buenos Aires, La Nación, por la vergonzosa venta de armas al país con el cual manteníamos en aquel momento un lamentable conflicto. Sus palabras denotaron la misma indignación que experimentó el pueblo peruano y exigió, reiteradamente, una profunda investigación, a fin de que no quedara comprometida la fraternal e histórica amistad entre Perú y Argentina.

Además de su origen andaluz -de donde le venía la claridad de pensamiento y la alegría de vivir-, su ascendencia vasca le dio esa perseverancia indesmayable para cumplir con sus propósitos e ideales.

En un opúsculo biográfico titulado San Bartolo, nombre de su estancia criolla, el maestro contaba cómo cuando la visitó el Vice-Presidente de la República Argentina, se dirigió a su padre diciéndole: “Gracias, muchas gracias, doctor Borda” y, cómo esas palabras lo impresionaron vivamente y se convirtieron en muletilla en su casa por algunos meses. Hoy día, la comunidad universitaria del Perú y del continente americano le repite dichas palabras como concreción de una despedida colectiva: “Gracias, muchas gracias, doctor Guillermo Borda”.