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miércoles, 29 de febrero de 2012

LOS QUADERNI Y LA SOLEDAD DE SALVATORE SATTA(*)

LOS QUADERNI Y LA SOLEDAD DE SALVATORE SATTA(*)

Franco Cipriani(**)


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(*) Ponencia en el Congreso Internacional de estudio sobre Salvatore Satta nel centenario della nascita, realizado en Nuoro el 6-8 dicembre 2002. Traducción de Eugenia Ariano Deho.

(**) Profesor ordinario de Derecho Procesal Civil en la Universidad de Bari (Italia).




CONTENIDO: 1. Los seis Quaderni de Salvatore Satta.- 2. Las críticas del joven Spantigati.- 3. El ensayo de Satta rechazado por las revistas en 1967.- 4. El contenido del ensayo.- 5. El revirement de Spantigati en 1998.- 6. La soledad de Salvatore Satta.


1. LOS SEIS QUADERNI DE SALVATORE SATTA

Entre 1969 y 1973 Salvatore Satta publicó con la Cedam de Padua seis volúmenes o, mejor, seis pequeños volúmenes de Quaderni del diritto e del processo civile. El primero fue enviado a la imprenta en octubre de 1968, pero salió fechado 1969; siguieron el segundo en 1969, los otros dos en 1970, ninguno en 1971, uno en 1972 y el último en 1973.

Los seis Quaderni constan en conjunto de 1.116 páginas (por lo que, reflexionando, quizá no sea justo discurrir de pequeños volúmenes) y son o querrían ser una revista. Satta, en efecto, al presentar el primer «Quaderno», escribió:

En la sétima edición del manual de derecho procesal civil manifesté el propósito de dar vida a una publicación periódica que siguiera «la evolución de la experiencia, es decir de la vida, en su perpetuo movimiento». (...) El diseño podía parecer ambicioso: pero en realidad aquél no era sino el de resucitar la original «Revista», ya generalmente reducida a una anónima recopilación de artículos y de notas, la mayor parte de ocasión, es decir prácticamente a empresa. Ésta degeneración de la Revista es uno de los tantos signos del ocaso de la ciencia jurídica, en correspondencia con el aplanamiento en la base, el espíritu de masa aún cuando de una masa especializada. El último ejemplo de revista en sentido antiguo ha sido, parcialmente, la Rivista di diritto processuale civile, y no por nada ella era conocida como la revista de Carnelutti, que era en gran parte su autor.

La idea de Salvatore Satta, pues, era la de fundar una revista similar a la «Processuale» dirigida por Carnelutti, pero, por el momento, no siéndole posible realizar ese proyecto suyo, se limita a los Quaderni:

he pensado realizar, provisionalmente, mi idea con estos Quaderni. He tenido la tentación de dar a la publicación el título de Critica giuridica: pero he temido parecer inmodesto, por vía de ciertos solemnes precedentes. He preferido hablar de Quaderni, porque los cuadernos recuerdan la escuela, sobre todo la primaria.

Ahora bien, establecido que los Quaderni son (o querrían ser) una revista, es quizá oportuno recordar que en 1969 Salvatore Satta tenía sesentisiete años, cubría desde hacía diez años la cátedra de Derecho procesal civil de Roma, era el decano de los procesalistas italianos y, queriendo decir de él lo que Lodovico Mortara decía de Luigi Mattirolo(1), era el «pontífice máximo» de la Procedura civile italiana, o sea el más destacado entre los procesal civilistas de la época. Por lo demás, en aquél tiempo en Roma había una sola Universidad, una sola Facultad de derecho y una sola cátedra de Derecho procesal civil, de forma que, siendo Roma la capital de Italia y la sede de la primacía, quien enseñaba en Roma era automáticamente el más destacado de todos: no era por ello casual si sobre la cátedra de Roma se encontrara Salvatore Satta.

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(1) Cfr. L. Mortara, Pagine autobiografiche, en S.Satta, Quaderni del diritto e del processo civile, I, Padova, 1969, pág. 50.


Estando así las cosas, es absolutamente obvio que un estudioso destacadísimo, como lo era indudablemente Salvatore Satta en 1969, pudiera no solo fundar una revista, sino también escribirla casi toda completamente solo, exactamente como había hecho por tantos años Francesco Carnelutti. Satta, sin embargo, hizo algo parcial, pero profundamente distinto, porque escribió el primer número de su revista o, para ser más precisos, su primer «Quaderno», todo solo, desde la primera a la última página. Por tanto, respecto a la «Processuale», la diferencia no era en efecto leve, porque, si es verdad que Carnelutti era en gran parte el autor de su revista, es también verdad que es modus in rebus, porque Carnelutti no había nunca escrito un fascículo de la «Processuale» enteramente solo; Satta, en cambio, hizo justamente esto, porque, me sea consentido repetirlo, si se prescinde de las páginas autobiográficas de Lodovico Mortara (que Satta había obtenido poco antes de las hijas de su autor, pero que, aún siendo extremamente interesantes para la historia de la procedura civile italiana, no eran ciertamente la contribución de otro estudioso), el primer «Quaderno» contiene ¡sólo escritos suyos!

Se trata de un hecho absolutamente sin precedentes que será confirmado en los cinco Quaderni sucesivos, casi todos escritos solamente por Satta: las excepciones están representadas por dos intervenciones del romanista Bernardo Albanese (II, p. 42 y ss., y V, p. 15 y ss.) y por un ensayo del constitucionalista Giuseppe Lavaggi (VI, p. 15 y ss.) (2). Los Quaderni son por tanto una revista con un solo autor o, si se prefiere, un libro en forma de revista: al igual que los libros, tienen el nombre del autor muy en evidencia en la carátula y no tienen ni la periodicidad, ni el director responsable; pero al igual que las revistas, están divididos en doctrina, jurisprudencia, lecturas (o sea las reseñas), relecturas (o sea las reseñas a libros no nuevos) y crónicas (o sea el comentario de los advenimientos más recientes y más relevantes). Faltan en el primer «Quaderno», los necrologios, pero quizá sólo porque en ese período no había muerto nadie que mereciera ser recordado: Satta, en efecto, no podía no saber cuán importantes sean en la economía de una revista los necrologios, porque, al recordar a los difuntos, consienten hablar también y sobre todo de los vivos.


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(2) Cfr. B. Albanese, Verba tene, res sequentur, en S. Satta, Quaderni, cit., II, Padova, 1969, p. 42 y ss.; Id., Credito e credere, allí mismo, V, Padova, 1972, pág. 15 y ss.; G. Lavaggi, La giustizia tra mito e realtà, allí mismo, VI, Padova, 1973, pág. 15 y ss.


2. LAS CRÍTICAS DEL JOVEN SPANTIGATI

En 1969, cuando vi el primer «Quaderno» de Satta, no me pregunté, ni mucho menos entendí, como así lo escribió. En aquella época no había aún conseguido la libre docencia, de forma que habría sido impensable que examinara en sentido crítico la iniciativa editorial de un estudioso del calibre de Salvatore Satta: por lo que recuerdo tomé simplemente nota de la existencia de la nueva particularísima revista, sin siquiera lejanamente sospechar un cualquier intento polémico del autor.

Mucho tiempo después, sin embargo, se estaba ya en los años Noventa, tuve manera de saber que, mientras yo no había prestado atención al problema, un coetáneo mío, Federico Spantigati, había reflexionado y, hacia fines de 1969, había publicado en el Foro amministrativo una reseña bastante polémica, destinada, como sólo recientemente he constatado, a ser la única reseña dedicada a los Quaderni de Satta. Y bien, Spantigati escribió:

La reciente publicación de la revista Quaderni del diritto e del processo civile dirigida y enteramente escrita por Satta ofrece la oportunidad para algunas consideraciones sobre la figura del docente y del estudioso en la Universidad crítica (...) Todas las calidades de un notable estudioso y de una fuerte personalidad están presentes en Satta, solo que tienen, en las actuales condiciones históricas, signo negativo(3).


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(3) Así F. Spantigati, Riflessioni sulla questione universitaria. I. Spunti per una discussione sulla figura del docente, en Foro amministrativo, 1969, pág. 559.


Spantigati, pues, frente a un destacadísimo estudioso que escribe por entero una revista solo, no duda en considerar que se trate de un gesto de individualismo extremo, casi como un acto de soberbia, tanto es así que juzga la soledad de Salvatore Satta como debida a una exasperada tensión hacia la perfección individual, una aspiración que lo lleva «a refugiarse en la evasión, sacrificando todo al propio individualismo»(4). Palabras severísimas, pero, si se considera que se estaba inmediatamente después del Sesentiocho, en línea con la moda de la época.


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(4) Así nuevamente F. Spantigati, Riflessioni, cit., pág. 562.


El ensayo de Spantigati apareció en el Foro amministrativo de setiembre de 1969 con una breve respuesta de Satta, intitulada Destino del giurista, que luego fue reproducida por el autor en su tercer «Quaderno», bajo el título Voci ed echi. Satta toma nota de que el joven Spantigati le reprocha «mi oscuro, gélido individualismo, mi incomunicabilidad»(5), y escribe:


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(5) S.Satta, Destino del giurista, en Quaderni, cit., III, pág. 74.


la ambigüedad parece venir a menos, poniéndose la misma ciega voluntad como un valor. Está claro que si así fuera (como emotivamente estamos llevados a considerar) yo y Spantigati podríamos ir del brazo a llorar o reír sobre nosotros mismos. (...) No hay duda de que Spantigati está en lo cierto cuando evidencia mi soledad. Pero no tiene razón cuando habla de una «necesidad individualista de soledad», es decir en la práctica de la negación del otro(6).

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(6) S.Satta, Destino del giurista, cit., pág. 75.


Satta, pues, admitió estar solo, pero excluyó que prefiriera estarlo y/o que fuera por su voluntad. Y, a mi parecer, hay que creerle, porque no creo para nada que su soledad dependiera de una elección, ni mucho menos de que los Quaderni se debieran a su individualismo y a su soberbia. Todo lo contrario, a mí me parece que los Quaderni sean su indignada respuesta a un gran agravio que, a su juicio, le había sido hecho poco antes.


3. EL ENSAYO DE SATTA RECHAZADO POR LAS REVISTAS EN 1967

Para individualizar el agravio padecido por Satta y a continuación del cual, a mi parecer, escribió los Quaderni, hay que hacer un paso atrás. Como ya dije, el primer «Quaderno» está fechado 1969 pero, en realidad, fue enviado a la imprenta en octubre de 1968. Poco antes Satta había publicado con la Cedam de Padua un libro, una recopilación de ensayos: Soliloqui e colloqui di un giurista(7), en cuya Introducción había recordado que en su prolusión de Padua de 1937 sobre Las orientaciones publicísticas de la ciencia del proceso, con la cual había tomado posición en contra de las exasperaciones de la denominada concepción publicística, reafirmando el fin privatístico del proceso y la necesidad de reconectar la acción al derecho subjetivo, le había procurado antes las iras de Carnelutti, luego las críticas de Cristofolini y, en fin, «la acusación de querer expulsar el concepto en sí o por sí, cosa de locos, evidentemente, en sentido activo y pasivo»(8). Una acusación que le fue hecha por demasiados estudiosos, tanto que al final Salvatore Satta se encontró solo:


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(7) Se note: primero soliloquios y luego coloquios. Lo evidencio porque yo también he publicado una recopilación de ensayos, más precisamente de notas a sentencia, que he sattianamente intitulado Colloqui e soliloqui con la giurisprudenza, Levante, Bari, 1996, invirtiendo, sin embargo, respecto a Satta, el orden de las palabras, justamente para subrayar que son más las veces que la jurisprudencia me oye que aquellas en las cuales me condena a hablar solo. En cambio Satta hace preceder los soliloquios a los coloquios, probablemente, yo diría, para advertir que sus escritos, la más de las veces, eran soliloquios. Sin decir que sus coloquios eran en realidad unas polémicas, de forma que me parece se deba estar de acuerdo con lo que dijo Carmine Punzi en el Congreso sattiano realizado en Nuoro en 1989, es decir que los escritos de Salvatore Satta, soliloquios o coloquios que fueran, eran siempre batallas, tanto que el mismo Satta hablaba de «mis inútiles batallas»: cfr. C. Punzi, Ricordo del professore, en Salvatore Satta giuristascrittore, al cuidado de U. Collu, Nuoro, 1989, pág. 469.

(8) S. Satta, Soliloqui e colloqui di un giurista, Padova, 1968, pág. XVIII.


el lector verá que si la revisión de los «principios inatacables» es incómoda para quien la padece, mucho más incómoda es para quien se siente empujado a hacerla. Ella constriñe justamente a una permanente polémica, en fondo de la cual está el espectro de la soledad. Quizá bajo este empuje he hecho, en extraordinarias circunstancias de tiempo y de lugar, aquellas consideraciones sobre el estado presente de la ciencia y de la escuela en Italia que aparecen, forzadamente inéditas, en este volumen(9).

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(9) Así S. Satta, Soliloqui, cit., pág. XIX.



Las Consideraciones sobre el estado presente de la ciencia y de la escuela jurídica en Italia, que «aparecen forzadamente inéditas» en los Soliloqui e colloqui di un giurista, fueron escritas por Satta en agosto de 1967 mientras estaba navegando sobre el Atlántico y sobre el Pacifico (nos lo refiere el autor al pie del ensayo)(10). Ellas, en el libro, tienen esta breve Apostilla:


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(10) Cfr. S. Satta, Considerazioni sullo stato presente della scienza e della scuola giuridica in Italia, en Soliloqui, cit., pág. 323.


Este escrito ha tenido una suerte distinta de lo que imaginaba navegando sobre las grandes y libres aguas. Él ha sido simplemente rechazado por las revistas a las cuales lo había ofrecido, porque mi discurso habría disgustado a Ticio Caio Sempronio. Por tanto él se encuentra insertado forzadamente inédito, como digo en la introducción, en el presente volumen(11).

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(11) Así S. Satta, Postilla, en Soliloqui, cit., pág. 323.


Así pues Satta, en 1967, cuando tenía sesenticinco años y era el titular de la cátedra de Derecho procesal civil de Roma y el «pontífice máximo» de los procesal civilistas italianos, escribió un artículo, lo ofreció a las revistas, pero se lo vio rechazar. ¡Increible!

Nosotros no sabemos cuáles hayan sido las revistas que prefirieron no publicar el ensayo de Satta. Él no nos lo revela, ni es oportuno arriesgar hipótesis. Se puede sólo tener presente que en aquella época la Rivista di diritto processuale, habiendo muerte desde hacía dos años Carnelutti, estaba dirigida por Enrico Tullio Liebman, la Rivista trimestrale di diritto e procedura civile por Tito Carnacini, la Rivista di diritto civile y la Giurisprudenza italiana por Enrico Allorio (para la parte procesal civilista), Il Foro italiano por Carlo Scialoja, la Giustizia civile por Mario Stella Richter. La lista, sin embargo, como cada uno comprende, es anchamente incompleta y meramente orientativa, porque no se puede ciertamente excluir que Satta se haya dirigido también o solamente a otras revistas. Lo que cuenta es que el ensayo fue rechazado, de forma que, para tratar de entender cómo así fue rechazado, no nos queda más que leerlo.


4. EL CONTENIDO DEL ENSAYO

El ensayo se abre con algunas amargas reflexiones de carácter personal y de estilo claramente sattiano: «Debería descansar, quisiera descansar. Pero el pensamiento me sigue como una sombra triste»(12). Luego, un poco después, las primeras flechas, dirigidas en contra del conceptualismo:

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(12) S. Satta, Considerazioni, cit., pág. 311.


Yo estoy firmemente convencido, y fundo mi convicción en lo que ocurrió luego, que si el pensamiento jurídico del 800 hubiera partido del proceso su orientación habría sido completamente distinta, y no se habría verificado el fenómeno, realmente fatal, de la sustitución del concepto a la realidad. El más grave defecto del conceptualismo jurídico es, en efecto, el de dar una visión estática de la vida y por tanto del derecho, mientras la vida y el derecho son esencialmente dinámicos, son, más simplemente proceso. (...) Estas cosas se encuentran expresadas en cada página de mi obra con los relativos corolarios. Lo que sin embargo me persigue en esta soledad, y me lleva a los tristes pensamientos expresados al inicio de las presentes meditaciones, es la suerte que la obra ha tenido en el mundo que debería ser el suyo, es decir el de la ciencia(13).


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(13) S. Satta, Considerazioni, cit., pp. 313 e 314.


También sobre el Atlántico y sobre el Pacífico, pues, Satta advierte y confiesa la soledad en la cual se encuentran sus ideas. Pero poco después el discurso comienza a hacerse más concreto. Y se atacan los civilistas, todos los civilistas:

La indiferencia adquiere una especie de justificación jurídica cuando desde un sector se pasa a otro: por ej., de la procedura civile al derecho civil. Se diría que los civilistas (hablo en general y con reserva de las justas excepciones) tengan derecho de ignorar el pensamiento elaborado fuera de su parroquia (...) Sólo Carnelutti había logrado poner un poco de hormigueo en los campos ajenos, desplazando los hitos limítrofes, y fue ya algo. Ahora la explanada ha vuelto a ser sagrada(14).

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(14) S. Satta, Considerazioni, cit., pág. 315.



Inmediatamente después, sin embargo, se pasa de los civilistas a todos los profesores universitarios de Italia:

La ciencia de hoy, no se si en otros lados, pero ciertamente en Italia, es una ciencia estrictamente oficial, está hecha por profesores universitarios, por tanto de jerarquías, de verdades consolidadas, de esquemas recibidos, de posiciones adquiridas y a adquirir, de todo aquello en suma que no tolera el pensamiento ni el pensamiento puede tolerar, porque él es por su naturaleza subversivo. (...) Pero la soledad que me circunda, y que va deviniendo con el pasar de los días simpre más augusta, me empuja a creer que todo no puede terminar así, que existen remedios a todo este estado de cosas, y que se tiene el deber de buscarlos y de afirmarlos(15).

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(15) S. Satta, Considerazioni, cit., pp. 315 y 316.


Pero luego el discurso se ensancha aún más y de los profesores universitarios se pasa a la institución, o sea a la Universidad, que ha devenido de masa y que ha sido arruinada por la autonomía:

El nuevo rico que toma el nombre de masa, y que hemos creado, ha entendido en qué cosa consiste nuestra civilización, y se ha puesto a colmar las universidades, hecho sobre el cual se han avanzado varias pretensiones por varios lados, sin considerar que se trata de un hecho en máxima parte patológico, al cual una ordenada sociedad debe poner remedio. (...) Esta autonomía es la más grande hipocresía que se haya dado nunca. Inspirada en un altísimo, metafísico concepto, ella ha servido a dar a la universidad todos los derechos exonerándola de todos los deberes, de allí que yo creo que ella sea la causa principal de los males que afligen a la escuela. Se debe a esta autonomía si la universidad se ha llenado de cátedras y de profesores falsos, como suele decirse, es decir de materias inverosímiles por lo general creadas a propósito para favorecer a alguien, con un rebajamiento de nivel también moral de la institución. Se dirá que ésta no es culpa de la autonomía sino de los profesores, pero el círculo es vicioso(16).

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(16) S. Satta, Considerazioni, cit., pp. 318 y 319.


Pero no es aún todo, porque de la autonomía de la Universidad se pasa al sistema de las Universidades estatales, que es también él puesto bajo acusación:

Desde un punto de vista formal, estatalidad querría decir simplemente inserción del profesor en la organización estatal, es decir en palabras simples, empleo público, lo más modesto que se pueda imaginar. Pero el Estado, absorbiendo la universidad, ha asumido su augusto concepto medioeval y absolutamente anacrónico de libre centro de estudio, mejor aún de pensamiento (de aquí probablemente el origen de la «autonomía»), ha tenido, por así decirlo, sujeción y ha mantenido e instituido un ordenamiento que no tiene igual en ninguna otra institución estatal, por lo que los profesores están prácticamente sin jerarquías, sin controles, libres de hacer lo que quieran, y, por tanto, también de no hacer nada. (...) La demostración está dada por el conocidísimo intercambio que hay entre política y universidad: un intercambio a doble carril, porque el profesor deviene hombre político, el hombre político, si no lo es ya, aspira de cualquier forma a devenir profesor. (...) De allí que es lícito sostener que impedido el ejercicio profesional y cualquier otra forma de aprovechamiento de la cátedra se operará una automática selección de la vocaciones, con ventaja recíproca de la escuela y de la profesión(17).

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(17) S.Satta, Considerazioni, cit., pp. 319 y 321.


El discurso, sin embargo, no está limitado a las Universidades estatales. También las otras preocupan no poco a Salvatore Satta:

En Italia hemos tenido dos importantes experimentos de universidades no estatales, la Bocconi y la Cattolica, y han sido a plena luz positivos hasta que han debido pasar, para vivir, por las horcas caudinas de la equiparación. Agrego, que desde algunos años se está verificando un fenómeno ciertamente patológico, y es la multiplicación al infinito de las universidades. Cada pequeño pueblo quiere la suya, y la obtiene tras inútiles resistencias del Consejo Superior(18).


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(18) S.Satta, Considerazioni, cit., pág. 321 y s.


En suma, no hay nada que ande bien. Ni siquiera el Consejo nacional de investigaciones, culpable de subvencionar «un trabajo de équipe, que por lo que respecta nuestros estudios, yo considero incompatible con el pensamiento, esencialmente solitario»(19), ni mucho menos la Accademia dei Lincei (¡de la cual Satta formaba parte!...), que había instituido un premio de cuatro millones a asignar —ni más ni menos— a solicitud de los interesados:


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(19) S.Satta, Considerazioni, cit., pág. 322.


en mi primitividad había pensado que ningún profesor universitario habría presentado la solicitud: y, en cambio, antes de partir he sabido que siete u ocho cabezas profesorales se han asomado a competir por la novísima corona(20).


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(20) S.Satta, Considerazioni, cit., pág. 322 y s.


Estando así las cosas, tratándose de un ensayo contra todo y contra todos, no sorprende que haya sido prudentemente rechazado. Para Salvatore Satta, sin embargo, debió ser una intolerable ofensa.

Nosotros no sabemos con precisión qué cosa ocurrió, pero es verdad que poco después, por casualidad o pour cause, Satta publicó los Quaderni, que son su personal revista. De aquí mi deducción, fundada en una máxima de experiencia y sobre el antiguo brocardo post hoc propter hoc: Salvatore Satta, el día en el cual vio rechazar la publicación de ese ensayo, debió entender que la única manera para resolver ese tipo de problema era de tener una revista propia, en la cual escribir todo lo que reputaba oportuno, sin deber pedir permiso a nadie. A mi parecer, pues, los Quaderni del diritto e del processo civile, una vez encuadrados en el tiempo, se revelan con toda evidencia como la respuesta de Salvatore Satta a la no publicación de ese ensayo del verano de 1967.


5. EL REVIREMENT DE SPANTIGATI EN 1998

Al inicio de los años Noventa, o sea mucho tiempo después de haber entendido lo que debía haber ocurrido a Satta y a su ensayo, tuve manera de conocer a Federico Spantigati. Un día el discurso recayó sobre Satta y él me dijo de su reseña a los Quaderni (que yo ignoraba) y cuán grave fue, a su juicio, el hecho de que Satta hubiera escrito y publicado aquella revista solo. Naturalmente le objeté que el acontecimiento podía y, a mi parecer, debía ser interpretada distintamente; y le dije del ensayo sattiano rechazado por las revistas (detalle que él no conocía).

Y bien, algún tiempo después, precisamente el 20 de mayo de 1995, Spantigati me escribió una carta que me parece justo hacerla pública:

Entre los varios remordimientos de los cuales paso a paso la vida nos colma está en mí el de no haber tomado a la letra la invitación de Satta de pasear juntos del brazo, no haberle telefoneado y no haberlo hecho. No había aún leído (porque todavía no lo había escrito) Il giorno del giudizio (que me ilusiono que mi texto haya contribuido a hacerle escribir), pero literalmente, es un pensamiento que tengo siempre presente y de tiempo en tiempo me planteo el problema de qué escribir en recuerdo de Satta para pedirle (pedir al público por él) públicamente disculpas por aquella llamada faltante. Por eso me ha impresionado mucho el hecho recordado por ti que fue el rechazo de las revistas de publicar su escrito a inducir a Satta a escribir y publicar los Quaderni.

Federico Spantigati, pues, una vez sabido que Satta escribió los Quaderni inmediatamente después de haber visto rechazar la publicación de un artículo, se dio cuenta de haber caído en un grave error cuando veinticinco años antes, no había dudado en criticar, con juvenil arrojo, a Satta en el Foro amministrativo por su soberbia. Con la consecuencia de que algún tiempo después, con precisión en 1998, Spantigati publicó en la Rassegna di diritto civile un articulo, intitulado La soledad de Salvatore Satta, en el cual recitó su pequeño mea culpa:

Yo caí en un error colosal, cuando era muy joven, sobre la situación de Satta. Lo consideré un Maestro que se apartaba por desdén de los contactos humanos, mientras era jurista aislado por lo colegas, que llegaron a rechazarle la publicación de sus escritos, para no tener que hacer cuentas con cuanto se habría publicado. El lector tenga paciencia de consultar directamente los escritos de Satta que citaré. Encontrará formulada por él, muchos años atrás, la misma tesis que he puesto en claro al inicio de este escrito: el poder académico, no la calidad científica, decide (lamentablemente) la evolución de la ciencia. El presente escrito es una tardía reparación de ese error juvenil. Satta fue Maestro que cuando era joven, y entendía mal que bien la corteza de racionalidad del derecho, ya me parecía excelso. Hoy, que lo miro tras haber leído los autores a los que hará referencia, se me presenta mucho más grande. Tanto como para deberle necesariamente pagar la deuda contraida entonces (...) Al final de su vida Satta vio rechazados sus escritos por las revistas jurídicas. Como consecuencia de ello publicó los Quaderni, una revista escrita por él solo(21).


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(21) Así F. Spantigati, La solitudine di Salvatore Satta, in Rassegna di diritto civile, 1998, pág. 221 y s., y 234.


6. LA SOLEDAD DE SALVATORE SATTA

Parece, pues, que los Quaderni constituyan la última, grande, estaría por decir rabiosa, reacción de Satta frente al aislamiento al cual había sido condenado. Se trató también esta vez, y para variar, de una batalla, más precisamente de una batalla combatida en nombre de la Ciencia, de la Escuela y del Derecho, contra todo y contra todos, para protestar no sólo contra la decadencia en la cual se encontraba la Universidad italiana, sino también, yo diría, contra la condena que, casi como si todos se hubieran puesto de acuerdo, le había sido impuesta.

Cierto es que lo que Satta llama «el espectro de la soledad»(22) es la pena reservada a los hombres incómodos. En efecto, las batallas en contra de la corriente y la denuncia de verdades embarazantes (para quien lee...) conducen la más de la veces a la soledad: si no se tiene la habilidad o la suerte de hablar en el momento oportuno, se arriesga ser puesto en el índice y encontrarse solos. Salvo, si se tiene suerte, ser rehabilitados post mortem.


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(22) S. Satta, Soliloqui, cit., pág. XIX.


El aislamiento, sin embargo, si es siempre y comprensiblemente desagradable para quien lo padece, se revela dañoso para todos cuando a padecer aquella singular condena es quien combate por ideas correctas. Las ideas, en efecto, caminan sobre las piernas de los hombres: pero no de los hombres mejores, ni mucho menos de aquellos que tienen las ideas más correctas, sino de los hombres más fuertes, aquellos capaces de prevalecer sobre los demás, con el riesgo, pues, de que ideas erradas o incluso alocadas tengan éxito solo porque planteadas por un personaje afamado, y que ideas razonables e incluso geniales sucumban solo porque profesadas por personas sin fama o, peor aún, mal vistas por los potentes. Por tanto, contrariamente a lo que sostenía Salvatore Satta, no me sentiría de afirmar que ciertos problemas surgen sólo porque la Universidad italiana está hecha de una forma y no de otra: en realidad, todo depende del hecho de que el hombre es el que es, de forma que es inevitable que puedan prevalecer ideas equivocadas y/o que hombres justos, pero incómodos, sean homenajeados sólo post mortem.

En el caso, la soledad de Salvatore Satta no representó una sanción sólo para él, sino también para sus ideas, que fueron casi todas puestas en el índice. Ciertamente, Satta, como buen sardo de Nuoro, con su carácter impetuoso y todo lo contrario que «complaciente» [«complimentoso»](23) , con su ironía y su sarcasmo, hizo muy poco para evitar la condena, pero no podemos no lamentarnos por el aislamiento en el cual él se encontró, porque algunas de sus ideas habrían indudablemente merecido mejor suerte. En efecto, si es verdad que algunas batallas sattianas fueron combatidas por causas que no me sentiría de compartir (pienso sobre todo en aquella en contra del divorcio(24), manifiestamente debida a su concepción del matrimonio como sacramento), es también verdad que la primera de sus batallas, quizá la más importante de su vida, aquella que él combatió desde la cátedra de Padua en contra de los excesos de la concepción publicística del proceso, haya sido más que justa. Si actualmente la justicia civil italiana está afligida de los problemas que todos conocemos, tanto que Italia es el País más condenado por la Corte de Estrasburgo por la lentitud con la cual administra su justicia, es seguramente también porque las enseñanzas y las advertencias «privatísticas» (pero en realidad realísticas) de Salvatore Satta fueron puestas en el índice: si se hubieran seguido, hoy, quizá, non nos encontraríamos en donde, lamentablemente, nos encontramos.


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(23) El adjetivo es del mismo S. Satta, Diritto fallimentare, Padova, 1974, pág. VII.

(24) V. especialmente S. Satta, Divorzio, en Quaderni, cit., II, pág. 159 ss.; Id., Il problema del divorzio, allí mismo, III, Padova, 1970, pág. 40 y ss., el cual, sin embargo, poco antes, al comentar las normas sobre el proceso de separación, se había dejado escapar que «es una mera convención aquella de considerar el matrimonio separado como un matrimonio» (Id., Commentario al c.p.c., IV, 1, Milano, 1968, pág. 304). Era una observación muy sabia, que sin embargo se resolvía decididamente en contra de la indisolubilidad: por tanto la puse en epígrafe a mi Dalla separazione al divorzio, Camerino-Napoli, 1971. Él, que si bien en privado, había sido muy benévolo con mi primer libro (« me parece manifestación de seriedad»), esta vez ignoró, también en privado, el (impertinente) epígrafe y el libro.