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miércoles, 29 de febrero de 2012

SOCIEDAD CIVIL, DEMOCRACIA Y GOBERNABILIDAD

SOCIEDAD CIVIL, DEMOCRACIA Y GOBERNABILIDAD
ANTONIO ROJAS CRISOSTOMO(*)
(*) Abogado y Polítologo. Profesor de Ciencia Política en la Escuela de Ciencia Política de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente cursa estudios de Maestría en Filosofía.
Uno de los temas más saltantes y de actualidad en los últimos años, en cuanto al proceso de participación y socialización política en las sociedades latinoamericanas, es el referido a la aparición de la denominada sociedad civil como un nuevo, diverso y dinámico sujeto social en el proceso de elaboración y ejecución de las decisiones políticas en el continente. Esta nueva expresión del tejido social latinoamericano está dibujando un nuevo horizonte en las relaciones políticas de nuestras sociedades y nos plantea una nueva perspectiva en las relaciones de la sociedad con las estructuras de poder existentes.
En dicho contexto, la participación y contribución creciente de la sociedad civil al proceso democratizador y la gobernabilidad en América Latina es hoy de vital importancia para su desarrollo, tal como lo ha demostrado recientemente el caso peruano, en donde la significativa participación de la sociedad civil en la lucha democrática en contra de la dictadura pasada, lo convirtió en un factor esencial y sustantivo para avanzar en un proceso de real institucionalización democrática del país.
De allí la importancia de entender el significado y la actuación de la sociedad civil en el continente -más cuando su diversidad y complejidad han oscurecido muchas veces su comprensión y ocasionado múltiples controversias entre sus principales exponentes- a fin de poder establecer en términos genéricos la relación que existe entre sociedad civil, democracia y gobernabilidad. Por esta razón, las siguientes líneas apuntan a contribuir al debate que sobre la sociedad civil existe en nuestro país.
I
En principio el término sociedad civil es un término polisémico, es decir, tiene muchos significados y tiene que ser considerado desde un sentido histórico, sobre la base de las mutaciones, cambios y reformulaciones que ha mantenido la sociedad con la estructura de poder dominante en su interior. Así Locke al tratar sobre la sociedad civil y la legitimación del poder señala: “los que se hallaren unidos en un cuerpo y tuvieran ley común y judicatura establecida a quienes apelar, con autoridad para elegir entre las contiendas entre ellos y castigar a los ofensores, estarán entre ellos en sociedad civil”(1). Es decir, es la autoridad legítima la que da forma, vida y unidad a la comunidad política, el pueblo es supremo pero al mismo tiempo subordinado, y es una consecuencia de fundar la obligación política en el consentimiento. Esto no significa que los individuos libres se sometan al Estado pues Locke considera que éste es resultado de la libre decisión individual.
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(1) LOCKE, John. “Ensayo Sobre Gobierno Civil”, FCE, México, pág. 55.
Hegel señala que: “la sociedad civil arranca al individuo de ese lazo –los lazos sociales tradicionales-, aleja unos de otros a los miembros de ese vínculo y los reconoce como personas autónomas”(2). Así el “miembro de la sociedad civil de acuerdo a su particular aptitud, es componente de la corporación, cuyo fin universal es, por lo tanto, enteramente concreto y no tiene otro ámbito sino aquel de la profesión, el negocio y el interés particular”(3). Se abren así diversas dimensiones de actuación humana que podrían ser o no económicas.
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(2) HEGEL, G.F. “Filosofia del Derecho”, Edit. Claridad, Buenos Aires, 1955, pág. 199.
(3) Ibid., pág. 204.
Gramsci nos dice: “en la noción general de Estado entran elementos que deben ser referidos a la sociedad civil (se podría señalar al respecto que Estado = sociedad política + sociedad civil, vale decir, hegemonía revestida de coerción)” (4). Dentro de la categoría de sociedad civil Gramsci incluye a la multiplicidad de organismos que corresponden a la función de hegemonía cultural y política que el grupo dominante impone sobre toda la sociedad. Es decir, para Gramsci la lucha por la hegemonía de la sociedad civil adquiere un sentido estratégico en la construcción de una nueva sociedad, pues plantea la posibilidad de emprender o desarrollar una acción colectiva desde la sociedad civil misma, acumulando fuerzas sociales para la transformación social.
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(4) GRAMSCI, Antonio. “Obras”, Tomo I, “Notas sobre Maquiavello, sobre política y sobre el estado moderno”, México, 1975, pág.165.
Habermas considera que la sociedad civil sería: “esa trama asociativa no estatal y no económica, de base voluntaria, que ancla sus estructuras comunicativas en el espacio de la opinión pública, en el componente del mundo de la vida que (junto con la cultura y la personalidad) es la sociedad”(5). La sociedad civil se compone “de asociaciones, organizaciones y movimientos, surgidos de forma más o menos espontánea, que recogen la resonancia que las constelaciones de problemas de la sociedad encuentran en los ámbitos de la vida privada, la condensa y elevándola, por así decir, el volumen o la voz, la transmiten al espacio de la opinión pública-política”(6).
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(5) Citado en “Acerca de la Sociedad Civil en Paraguay”, Introducción, pág. 2. ( www.members.tripod.es )
(6) Ibid, pág.3.
Estos conceptos de sociedad civil, positivos en cuanto buscan describir y explicar determinadas formas de actuación social, deben ser también confrontados por otros conceptos negativos de sociedad civil, por cuanto éstos niegan su validez explicativa de los fenómenos sociales. Por ejemplo, James Petras y Henry Veltemeyer, en “La Globalización Desenmascarada” señalan: “al hablar de la ‘sociedad civil', los de las ONGs ocultan la profunda división de clases, la explotación de clases y la lucha de clases que polarizan la ‘sociedad civil' contemporánea”(7). Así el término “sociedad civil” terminaría encubriendo la naturaleza y el conflicto existente en la sociedad, al disolver los vínculos económicos y sociales de la actuación humana y el origen del poder, y al sustituirlos únicamente por factores socioculturales en las formas de organización social.
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(7) Citado por Aziz Choudry, del Centre for Research on Globalisation. Tomado de Rebelión Internacional, 13 de enero de 2002. www.eurosur.org
Como observamos existen distintas perspectivas sobre el significado de la sociedad civil, todas ellas matizadas por criterios conceptuales e ideológicos que le asignan un rol singular en la sociedad, y sobre dicha base, una definición de la actuación de la sociedad civil como parte o elemento cuestionador del sistema político imperante.
II
El tema de sociedad civil es sumamente polémico pues puede tratarse en un sentido institucional, corporativo, de relaciones de poder, como forma autónoma de las relaciones económicas y políticas, etc. Es a fin de cuentas, una forma –junto a otras: clase, estamento, estrato, etc.- de clasificar los mecanismos de organización social e individual de la vida humana. Como se observa, sólo hemos tocado algunas de las definiciones clásicas que abordan al mismo, existiendo muchas otras y muy importantes que se han quedado en el tintero. El problema se complejiza más cuando tratamos de entender el significado de la sociedad civil en nuestras sociedades, por las particularidades y circunstancias propias de nuestro desarrollo social. Por esta razón, trataremos de abordar este tema desde la óptica de la ciencia política, es decir, de las relaciones e implicancias entre la sociedad civil y las relaciones de poder en nuestras sociedades.
Desde esta perspectiva el concepto de sociedad civil está íntimamente relacionado a dos aspectos básicos: el primero, a la definición y las características de lo que entendemos por democracia y desarrollo político y el segundo, al grado de evolución del proceso de democratización de una sociedad dada. Pues son estos aspectos los que otorgan a la sociedad civil el significado y la importancia en materia de democracia y gobernabilidad que ha adquirido en el mundo moderno.
En el primer aspecto, nos encontramos con que la democracia en su sentido formal y representativo en América Latina ha sido insuficiente para responder y encauzar los cambios y las transformaciones que se han operado en las sociedades contemporáneas por el desarrollo político, cultural, social y tecnológico alcanzado. Más cuando, desde una perspectiva histórica la democracia representativa sólo fue ejercida por pequeñas élites políticas que excluyeron y marginaron al resto de la sociedad de la participación y ejercicio del poder político.
No es que la democracia formal y representativa haya colapsado como sistema político, sino que ya no puede contener ni representar en su interior a las nuevas y complejas formas sociales hoy existentes, cada vez mas organizadas independientemente del Estado y de la lógica del mercado, las que reclaman un protagonismo cada vez mayor y sustantivo en el ejercicio, el control y la orientación del aparato estatal y el gobierno. Es decir, el ejercicio pleno de la ciudadanía en un Estado de derecho, que en nuestra América Latina es débil y precario, excluyente y elitista.
La aparición de diversas y múltiples formas de organización social, distintas y diferentes de la acción estatal y de la lógica del mercado, son el resultado del propio proceso de desarrollo político y cultural de nuestras sociedades: los cambios demográficos, la mayor integración económica si bien desigual pero creciente, el crecimiento de las ciudades, la urbanización, el desarrollo industrial, los procesos de democratización, la mayor institucionalización jurídica y estatal, el flujo informativo, los cambios en la esfera educativa y cultural, y otros, fueron los factores que posibilitaron una mayor diversidad en el tejido social y a la vez, una creciente multiplicación de los intereses y expectativas entre los diversos grupos sociales existentes.
El proceso de desarrollo y socialización política, expresado en los factores antes descritos, caracterizó el proceso social de las últimas décadas en América Latina, creando las condiciones para un mayor protagonismo de los diversos grupos sociales existentes en su interior, lo que se expresó primero en la gestación de múltiples formas de organización social, cultural y sindical en las sociedades latinoamericanas, las que serían luego continuadas y diversificadas por otras expresiones organizativas como los grupos de género, ambientales, juveniles, asociaciones, de salud, movimientos regionales, de subsistencia, productivos y otros.
La formación y la actuación de estos nuevos sujetos sociales trajo consigo un replanteamiento del significado y el contenido de la democracia en el continente. Pues las formas sociales en que se expresaba el tejido social latinoamericano y sus crecientes y múltiples expectativas sociales no lograron ser canalizadas por el Estado. Por el contrario, los marcos de actuación de la democracia formal restringían y limitaban el propio desarrollo autónomo y la diversidad que empezaba a caracterizar a la sociedad civil. Asimismo, la creciente participación ciudadana en torno a los problemas nacionales no encontraban en los mecanismos políticos, jurídicos e institucionales existentes, los medios que permitiesen canalizar sus demandas y necesidades sociales.
La respuesta de las diversas organizaciones sociales y de algunos gobiernos en la región fue el desarrollo germinal de mecanismos de la democracia directa o también denominada democracia participativa, a través de la cual se buscaron crear formas de participación directa de la sociedad en la gestación, elaboración y diseño de respuestas y alternativas a los problemas generales existentes. Una muestra de ello, es el hecho de que algunas Constituciones Políticas en el continente incorporaran el referéndum, el plebiscito y la revocatoria como formas de participación ciudadana en las decisiones políticas generales o que en algunos gobiernos locales y regionales los denominados Cabildos Abiertos o Asambleas Populares se convirtiesen en instancias de participación ciudadana; asimismo, en algunos países se crearon instancias gubernativas de promoción, cooperación y consulta en áreas de desarrollo social, por lo general específicas y puntuales, en donde las organizaciones representativas de la sociedad civil podían coordinar sus actividades.
En el plano teórico esta preocupación sobre la democracia en América Latina derivó en la reflexión sobre el contenido y las características de la democracia en general. La que conllevó a la conceptualización de la democracia directa o participativa, como la forma de organización política del Estado que permite la más amplia participación ciudadana en los asuntos del gobierno y la sociedad, pues combina formas representativas y directas en el ejercicio de la participación ciudadana en torno a las decisiones políticas trascendentales de la vida nacional. En este modelo de organización estatal las formas organizativas de la sociedad civil son concebidas como un intermediario de las demandas, expectativas y requerimientos de la sociedad ante el Estado y los agentes económicos, convirtiéndose en un interlocutor válido y privilegiado al provenir de las entrañas de la propia sociedad, cuya identidad está centrada en la asociación voluntaria, el autogobierno, con finalidades específicas que armonizan con necesidades generales, promoviendo la actividad pública, las iniciativas ciudadanas y la búsqueda de objetivos comunes en torno al desarrollo y progreso nacional.
El segundo aspecto, está en relación con el desarrollo de la sociedad civil y los procesos de democratización en que se encuentra inmersa una sociedad dada. Es decir, a mayor democratización mayor desarrollo de la sociedad civil y en consecuencia mayores características en su desenvolvimiento y rol en la comunidad. En cambio, en sociedades donde los procesos de democratización se reducen sólo a los aspectos formales e institucionales de la democracia representativa, la sociedad civil y sus formas de expresión tienen limitadas actividades y escaso desarrollo institucional.
En sociedades poco democratizadas la sociedad civil es la expresión organizada de los ciudadanos con metas y objetivos específicos , cuyas actividades se limitan sólo a aspectos particulares de la vida social. En cambio en otras sociedades donde la democracia está un poco más asentada y tiende a consolidarse, la sociedad civil se manifiesta en las diversas formas de la vida social, participando activamente en los problemas nacionales, sobre la base de una agrupación voluntaria, colectiva, pública e institucional de sus actividades, cuyas finalidades convergen con los asuntos públicos de la sociedad y convirtiéndose en entes vigilantes de la acción estatal.
La sociedad civil está contribuyendo sustancialmente en la democratización de las sociedades latinoamericanas, pues ha permitido un ejercicio mayor y diverso de la ciudadanía en los pueblos de dichos de países, desarrollando el pluralismo y la diversidad, la autonomía y el autogobierno, la tolerancia y la diferencia, contribuyendo así a fortalecer el Estado de derecho y las instituciones democráticas. No es casual, entonces, que sus formas organizativas giren en torno a una diversidad creciente de temas y áreas: derechos humanos, democracia, ecología, cultura, educación, regionales, juventud, mujer, derechos sexuales, de subsistencia, comedores, salud, vaso de leche y otros. Temas y áreas que interactúan entre sí abriendo nuevas posibilidades de participación ciudadana en el proceso de decisiones políticas de la sociedad y que tienden a expresarse ya en el contexto internacional.
En algunos casos y dependiendo de la estructura política y social de una sociedad dada, determinadas formas de organización de la sociedad civil se transforman en grupos de presión ante el Estado y cobran un mayor relieve e importancia cuando el sistema de partidos existente se encuentra debilitado o en crisis . Lo que otorga a las organizaciones de la sociedad civil de una auténtica legitimidad y representatividad como interlocutores válidos ante el Estado. Esta situación cada vez más común en América Latina, sobre todo en los procesos de descentralización y regionalización, obliga a repensar la naturaleza de la estructura política en nuestras sociedades y el rol de los actores sociales y políticos existentes en ella.
Estos dos aspectos: democracia y desarrollo político y grado de democratización de una sociedad dada, nos permiten inferir que un concepto de sociedad civil está en directa relación con el proceso de socialización política y cultural de un país determinado, siendo esta la razón por la que no puede existir un concepto unívoco y excluyente de sociedad civil en América Latina. Se puede afirmar, sin embargo, tomando en consideración sus características más saltantes, de forma genérica y en la perspectiva de una mayor democratización en nuestra región, que la sociedad civil es un espacio social autónomo, basado en el autogobierno, de base voluntaria, distinto a la acción estatal y la lógica del mercado, cuyas finalidades convergen con los asuntos públicos de la sociedad y que está llamada a cumplir un rol sustantivo en la democratización, el desarrollo sustentable, el Estado de derecho y la gobernabilidad en América Latina.
III
La sociedad civil aparece, en suma, como un nuevo sujeto social que participa cada vez más en la elaboración y gestión de la política general del Estado y la cooperación internacional, constituyéndose además en un celoso vigilante de la corrupción en el sector público y la transparencia de las actividades estatales, promoviendo la democracia y la participación ciudadana en todos los niveles de la acción estatal. Sin embargo, como en todo proceso de desarrollo social, la sociedad civil está todavía inmersa dentro de sus propias limitaciones: la falta de un mayor perfil programático, su todavía débil organización en todas las esferas de la vida humana, la visión cortoplacista y segmentada de muchas de sus organizaciones con relación a los problemas generales de la sociedad, la confusión en algunas de ellas de política local con política de Estado, la dependencia –en algunas de ellas- casi exclusiva y excesiva de la cooperación internacional y en algunos casos del aparato del Estado en la gestión y ejecución de sus proyectos y otros problemas, son aspectos que impiden un mayor desarrollo de la sociedad civil y por ende, una mayor democratización de la sociedad.
Sin embargo, a pesar de estas limitaciones y carencias, el reconocimiento de la labor de las organizaciones de la sociedad civil en pro del desarrollo sustentable es creciente. No es casual, en ese sentido que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señale que: “las organizaciones de la sociedad civil constituyen una vasta y heterogénea gama de entidades estructuradas y localizadas fuera del aparato estatal, sin fines de lucro, autogobernadas y dependientes en cierto grado del apoyo voluntario, que produce bienes y servicios de uso colectivo”, y que es preciso apoyarlas y promoverlas.
Asimismo, la importancia creciente de la sociedad civil se ve reflejada en la Declaración de Santa Cruz de la Sierra de los Presidentes de la Región en la Cumbre de las Américas sobre el Desarrollo Sostenible de 1996, que señala: “apoyaremos y promoveremos, como requisito fundamental del desarrollo sostenible, una amplia participación de la sociedad civil en el proceso de toma decisiones, incluyendo políticas y programas y su diseño, implementación y evaluación. Para tal efecto, se promoverá el perfeccionamiento de los mecanismos institucionales de participación pública”. De igual forma en la XI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, desarrollada en Lima, en Noviembre de 2001, se afirma: “apreciamos los esfuerzos desarrollados por la cooperación de las Cumbres Iberoamericanas para articular a los diversos actores con las iniciativas que la sociedad civil y otros organismos realizan en este ámbito”.
La sociedad civil es un nuevo protagonista en el proceso de gobernabilidad que requiere América Latina, a través de ella se expresan importantes y crecientes sectores sociales que exigen una mayor participación dentro del proceso de decisiones políticas. De allí la importancia de avanzar hacia una mayor y mejor institucionalización de su participación en la gestión de las políticas públicas, las actividades del Estado y la Cooperación Internacional, con su participación se enriquece, diversifica y legítima la acción estatal en el diseño y la gestión de la política general de los gobiernos en la región. La actitud vigilante, crítica y propositiva de la sociedad civil en materias de cooperación internacional y acción estatal se está convirtiendo en un factor esencial para evaluar los niveles de gobernabilidad en la región.
La relación de la sociedad civil con el Estado y la Cooperación Internacional debe caracterizarse por la transparencia, la confianza y la horizontalidad en sus relaciones mutuas, sobre la base del propósito común de enriquecer el desarrollo sustentable y la democracia en la región. Esto implica su incorporación como consultor indispensable en los foros internacionales y nacionales que aborden temas relacionados a la elaboración, diseño y ejecución de las políticas sociales y programas productivos, el fortalecimiento institucional, la democracia y la gobernabilidad.
La sociedad civil tiende a convertirse en un sujeto dinámico en el escenario internacional, con objetivos, orientaciones y lineamientos de trabajo propios. Su creciente participación en los foros mundiales sobre diversos temas sociales, económicos, científicos, ecológicos y otros, es sólo una muestra de ello. La realización a fines de enero del 2002, del II Foro Social Mundial, en la ciudad de Porto Alegre, Brasil, es un hito en la organización de la sociedad civil a escala mundial y el comienzo de una nueva etapa en su desarrollo.
IV
La aparición de la sociedad civil enriquece los fundamentos y los contenidos de la política externa de los Estados contemporáneos. La sociedad civil se está convirtiendo –junto a los gobiernos locales y regionales- en un nuevo sujeto del derecho internacional y de las relaciones internacionales. En consecuencia, es necesario reflexionar sobre los nuevos contenidos y los objetivos de nuestra política internacional a comienzos del nuevo milenio.
Las propuestas doctrinales y los presupuestos teóricos tradicionales que explicaban los fenómenos políticos internacionales –basados en la acción estatal y en los organismos internacionales de carácter asociativo estatal, y sus derivados regionales- se muestran insuficientes para describir la nueva realidad de las relaciones internacionales, caracterizadas hoy no sólo por la crisis de los estados-nación, la pugna por un mundo unipolar o multipolar, el creciente protagonismo y la autonomía de los organismos financieros internacionales y de las empresas transnacionales en la política mundial, la globalización económica y tecnológica, sino también en una inédita participación de los sectores sociales más organizados de las sociedades contemporáneas en la política internacional.
Esta participación de la sociedad organizada en áreas tan diversas y complejas como la salud y la tecnología, la economía y la ecología, la política y la cultura, por mencionar algunas, lo convierten en un nuevo protagonista con voz propia en el escenario mundial. Si bien es cierto que su presencia es aún débil y difusa, lo es también que cada vez es más creciente y constante su actuación en los foros mundiales. La discusión para la formación del Foro de la Sociedad Civil en la Comunidad Andina de Naciones (CAN) es sólo una nuestra de ello.La participación de la sociedad civil en la política internacional redundará en la democratización de las relaciones internacionales, promoviendo la diversidad, la autonomía y la búsqueda y construcción de un mundo más humano, pues incorporará al debate mundial las diversas visiones y alternativas que se gestan desde la misma sociedad y que muchas veces no son recogidas por el Estado en la formulación de la política exterior.
La diversidad de sujetos –como la sociedad civil y los gobiernos locales y regionales, entre otros- en la política internacional es una de las características del nuevo escenario mundial, la importancia de los mismos se acrecentará con los años y su protagonismo crecerá conforme vaya avanzando la lucha por la democratización el mundo. Por estas razones, es preciso iniciar un proceso de discusión y reflexión en torno a estos nuevos sujetos de la política internacional así como estudiar las nuevas tendencias del escenario internacional y la ubicación del Perú en ellas.